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La actual historia de Bodegas Ochoa se asienta en el año 1845, fecha labrada en piedra en la antigua bodega del centro de Olite. Anteriormente, se conoce que Valerio Ochoa, alcalde en el año 1837, ya era propietario de una bodega en la ciudad.
El nuevo impulso, el salto de calidad nacional e internacional, lo dio Nicolás Ochoa, quien en el año 1877 obtuvo en la Exposición Nacional Vinícola una medalla con mención y en 1882 una medalla de Oro en Burdeos. Sus vinos también se vieron reconocidos con una medalla de bronce en la Exposición Universal de Barcelona en 1888. De hecho, el nombre de Ochoa cruzó el Atlántico cuando en 1892 se enviaron a Chicago (Estados Unidos) 5.000 decalitros de vino.
Cuando en 1897 la filoxera arrasa los viñedos de Navarra y de toda Europa, Olite se convierte, con la iniciativa de Nicolás Ochoa, en el campo experimental de las nuevas viñas. La tradición bodeguera y viticultura continuó con Javier Ochoa (fallecido en 1917 y que formó parte de la primera cooperativa vinícola de España aportando su alcoholera), y con el matrimonio formado por Joaquín Ochoa Leoz y Victoria Luna.
Pero quien asentó firmemente las raíces de nuestra actual bodega fue Adriano Ochoa Luna (1908-1964), quien se encargó de dirigir los viñedos y la bodega de Fausto.
Adriano Ochoa plantó en la Plana de Olite 80 hectáreas de viñedo y su vino fue muy apreciado en el País Vasco. Así, amplió la bodega y realizó los primeros embotellados con los vinos tintos previamente envejecidos en tinos de madera o barricas. En 1940, después de contactos con técnicos alemanes, montó una fábrica de vinagres en Pamplona, una actividad innovadora ya que en aquel momento no se concebía una fábrica de estas características. Este negocio conoció un gran éxito, hasta que en 1955 lo vendió para dedicarse más a fondo a la viticultura y otros negocios.
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